25 Oct 2012

Rumbo al sur: aves rapaces en migración

Por: Jorge Ventocilla

En Panamá, entre octubre y noviembre, hay que poner más atención al cielo: de pronto se ve allá arriba el impresionante espectáculo de la migración de rapaces, atinadamente descrito por un naturalista como “ríos de aves”.

Era el año de 1520 cuando el cronista Fernández de Oviedo hizo la primera descripción en castellano de las migraciones de rapaces en el Nuevo Mundo (observadas por él en tierras que hoy son panameñas). Escribió: “Visto he algunos años en el mes de marzo, (…)ir el cielo cubierto de infinitas aves y muy altas”. Se refería a las aves que volando sobre el lado del Caribe, retornaban de su migración al sur.

Aquellos eran tiempos de mucho desconocimiento del mundo natural en Europa. Tres siglos después, el 21 de mayo de 1822, en Meklenburg, Alemania, se capturó una cigüeña con el cuello atravesado por una flecha. Como hacía tiempo que en el Viejo Mundo la humanidad no se mataba a flechazos sino con medios más sofisticados y masivos, la flecha sólo podía provenir de un país “lejano”. Efectivamente, poco después los conocedores establecieron que era de origen africano. Este extraño acontecimiento fue la prueba irrefutable del hecho – hoy día universalmente reconocido – de que las cigüeñas pasan su invierno boreal en África.

Las primeras investigaciones serias sobre migración de aves fueron emprendidas por el naturalista sueco Linnaeus, pero hoy no sabríamos ni una porción de lo que sabemos si en 1899 al maestro danés Hans Mortensen, no se le ocurre identificar las aves poniéndoles anillos numerados en las patas. Desde entonces, las migraciones son estudiadas en esencia gracias a ese método: se capturan las aves, se les colocan anillos codificados en las patas y luego se liberan. Eventualmente, cuando son observadas o recapturadas en otros lugares, los ornitólogos recuperan la información y van descifrando los patrones de desplazamiento.

El 15% de casi el millar de especies reportadas para Panamá, son migratorias: no anidan en el istmo y sólo se observan durante una parte del año. Parte de ellas tan solo pasan por aquí. Otras llegan y aquí se quedan; de ellas muchas arriban tan temprano y se van tan tarde, que viven más en Panamá que en sus lugares de origen.

Y debido a que el continente americano se estrecha en Panamá, buena cantidad de especies convergen en el istmo durante su migración. Muchas siguen la costa del Pacífico, particularmente durante la migración hacia el sur (que tiene su máxima expresión en número de aves entre fines de septiembre y principios de noviembre). Esta ruta convierte a la Ciudad de Panamá en uno de los pocos sitios del mundo donde se pueden ver, en una misma mañana, numerosas especies de los tres grupos principales de aves migratorias: rapaces, playeros y aves canoras.

 Cada año, durante octubre y noviembre, casi todos los individuos existentes de dos especies de gavilanes: el gavilán de Swainson (Buteo swainsoni) y el gavilán aludo (Buteo platypterus), junto con la noneca (Cathartes aura) – así como otras rapaces pero en menor número – migran por un estrecho corredor aéreo en el lado Pacifico del país.

  

Años de observaciones de Neal Smith, ornitólogo del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, mostraron décadas atrás la evidencia de que la cantidad de aves involucradas por temporada era de varios cientos de miles, y que esta migración conjunta de rapaces representaba una de las más espectaculares y fácilmente observables en todo el continente. Conteos de estas migratorias realizados por Smith entre 1970 y 1982, llegaron a un máximo de 981,000 aves en 1982. 

Dieciséis años más tarde, George Angehr (curador de la exhibición central del Biomuseo), también del Smithsonian y de la Sociedad Audubon, organizó otro conteo sistemático y la cifra subió a 1.6 millones de aves rapaces. En el año 2005, en lo que se conoció como “El primer estudio mundial transcontinental sobre aves rapaces migratorias: Rapaces de Océano a Océano”, más de 40 personas entre voluntarios de la Sociedad Audubon de Panamá, el Instituto Smithsonian, la Universidad Nacional, junto con residentes de comunidades rurales y voluntarios, llevaron minuciosos registros de las aves que cruzaban el istmo por un eje transversal en la zona central de Panamá. Los datos obtenidos indicaron que unas 3 millones de aves rapaces surcaron Panamá rumbo al sur en la migración del 2005. Esta impresionante cifra destaca aun más si tenemos en cuenta que migraciones de más de un millón de aves, sólo suceden en otros tres lugares del planeta (Costa Rica, México e Israel).

 Además, esta migración de rapaces es uno de los pocos casos en América en el que las aves migran durante largo tiempo y extensas distancias…¡sin comer! Vuelan de día haciendo uso de las corrientes de aire caliente: las termales, por sobre las cuales pueden planear por largo tiempo y extensas distancias, sin siquiera aletear. Hacen esto para conservar energía, pues a diferencia de otras aves, son incapaces de surcar largas distancias aleteando constantemente. Si la noche llega cuando están por sobre la ciudad capital, bajan y duermen en los bosques de la ribera oeste del Canal de Panamá y en el Parque Natural Metropolitano.

 

Mientras que el gallinazo cabecirrojo o noneca es el más grande de los rapaces migratorios de los trópicos americanos, sus compañeros de vuelo son de tamaño mediano. Vale también mencionar que aparte de los ejemplares que surcan el istmo durante las migraciones, tenemos en Panamá una población residente todo el año de nonecas. El gavilán de Swainson viaja desde planicies de Norteamérica hasta lugares similares en Sudamérica, algunos quedan a lo largo de Centro América pero cientos de miles continúan hasta lugares tan distantes como la Argentina (tras un viaje de casi 11 mil kilómetros de distancia). Aves que pasan sobre Las Cruces, Nuevo México, en los primeros días de octubre, alcanzan Panamá 18 días más tarde y arriban a la Argentina durante la última semana de noviembre.

El gavilán aludo pasa sobre Texas a fines de septiembre y llega a Panamá 12 ó 14 días después; una parte de la población se queda y otra sigue hacia distintas zonas de Sudamérica. Las tres especies volverán a Norteamérica en nuestra estación seca y esta vez surcar Panamá les puede tomar solo un día – a diferencia de los tres días en la ida – porque el viento norte los ayuda a planear con mayor velocidad.

Cinco siglos después del reporte de Fernández de Oviedo, lo que el mundo encierra se va volviendo afortunadamente, conocimiento popular. Hasta hace unos años eran contados los ciudadanos no especialistas de la ciudad capital que sabían de este fenómeno estacional, que ocurría sobre sus cabezas. Como me comentaba una amiga que las estudia, Chelina Batista, sucede que uno puede estar viendo el desfile de fiestas patrias en la Vía España, y allá arriba ese patrimonio natural que representan las rapaces en migración van desfilando también, por millares y millares rumbo al sur.

 Fotos de Portada por: Jennifer Wolcott