26 Sep 2012

Los mapaches del Biomuseo

Por: Jorge Ventocilla

Señala quien fuera un muy apreciado profesor de zoología de la Universidad de Panamá, el Dr. Eustorgio Méndez, que las áreas de distribución geográfica de las dos especies de mapaches que existen se encuentran en la región central de Panamá, justamente en los alrededores del Canal. Estas especies son Procyon lotor y Procyon cancrivorus, muy parecidas pero con diferencias en peso y coloración en partes del cuerpo. Durante mucho tiempo pensaba yo que los mapaches que observamos alrededor del Biomuseo y a lo largo de a Calzada de Amador correspondían a P. Cancrivorus; pero hace unas noches me llama desde la misma Calzada el colega Ricardo Moreno, biólogo especialista en mamíferos silvestres, para contarme que había observado ejemplares que correspondían claramente a ambas especies. Valga pues confirmar aquí, gracias a Ricardo, que en el área contamos con las dos especies.

 

Muy simpático este vecinito del Biomuseo a quien la cara de bandido nadie se la quita. Forma parte de la familia Procyonidae, donde la especie más conocida en Panamá es el gato solo pero que incluye además otros parientes selváticos menos nombrados, como el olingo, el cusumbo y el cacomiztle. Unos muy claramente, otros solo como una sombra en el pelaje, todos estos animales conforman una pandilla “con antifaz”.

Más nocturno que diurno, buen trepador y también buen nadador, el mapache es feliz cerca al mar y los manglares, en ríos o lagos. Para alimentarse es muy oportunista y con gusto prueba un cangrejo o un camarón, y si no hay pues vengan las frutas o semillas o un coco… o lo que pueda conseguir entre las sobras que los visitantes depositan en los tinacos de la Calzada.

Se por un colega que pasó la infancia en dicho barrio, que una generación atrás también habían mapaches en San Felipe, al menos en un espacio arbolado de media hectárea conocido entonces como “el boquete”, entre la casa de la familia Arias y el antiguo Instituto Bolívar. Quizás vecinos – de esos siempre atentos a quien está circulando por el barrio – nos podrían decir si aún existen mapaches en Casco Viejo… 

 

En el caso de los mapaches del Biomuseo, pueda que el señor Alberto Bonilla sea quien mejor los conozca. El tiene poco más de un año como guardia de seguridad en el área y ya mantiene bien vigilados a la familia de cuatro mapaches, dos adultos y dos más pequeños, que merodean el lugar. “Aunque hace un mes que no los veo, pues creo que los ha alejado la boa que dicen que vive escondida detrás del edificio”, nos cuenta.

Alberto Bonilla conoce bien además a los “31 ó 35” gatos de los alrededores; población que incluye “8 gatitos, 2 medianos y el resto adultos”, de los que 21 han logrado ser operados. Suele darles comida y agua; y de tanto atenderlos ya a varios los reconoce familiarmente: “la negrita”, “miki”, “chiqui”, “tikín”, “la sobona”… Su favorito es el “chiqui”, un gatico de poco más de un mes. ¿Por qué tanto aprecio por los gatos Alberto?, “Pues porque me salvaron de que me pique una víbora”, me contesta. Uno de los gatos estuvo acechando y manoteando un trapo junto a donde él estaba sentado, resultando que bajo el trapo estaba una víbora. “..que de no haber sido por ese gato bien me pudo haber picado”, concluye Alberto.

-¿Y gatos y mapaches se llevan bien? “Sin problema: no pelean”, me responde.

El problema para los mapaches de la Calzada son los automóviles. Años atrás Inéz Campbell, entonces directora del Centro Natural Punta Culebra, me comentó que en un año había contado diez mapaches atropellados. Habría que colocar alguna señalización que advierta de la presencia de estos animalitos, quienes con su presencia aportan al encanto de los alrededores del Biomuseo y de toda la Calzada de Amador.