24 Feb 2013

El verano, la calzada y los pelícanos…

Por: Jorge Ventocilla

La lluvia no deja de tener su encanto. “¡La lluvia es una fiesta!” decía con toda razón Thomas Merton, el poeta y místico francés. Pero no vamos a negar que la estación seca en estas tierras es una maravilla. En estas tierras y también en estos mares. Si quiere usted sentir que ha invertido su tiempo a plenitud, le recomiendo que lleve a su familia a caminar por la Calzada de Amador una de estas tardes…

Verá ahí y en general en las costas del Pacífico, un grato espectáculo representado por aves marinas que revolotean de aquí para allá (gaviotas), se clavan en picada sobre el mar (pelícanos), o con ágiles maniobras de vuelo se roban las presas de otras (tijeretas marinas). Y no faltan sobre el firmamento las líneas de cormoranes que vuelan raudos en hileras.

Esta vez, hablaremos de uno de esos personajes: el elegante pelícano, todo un caballero de la mar.

Preguntemos a cualquier panameño capitalino por tres aves comunes de su ciudad y nos responderá: el gallinazo, el talingo y el pelícano. En la nomenclatura científica, esta ave forma parte del orden Pelecaniformes, que reúne a seis familias de aves. Todas tienen en común la posesión de una membrana uniendo a los cuatro dedos de las patas. Dentro de los Pelecaniformes tambien hay seis familias fósiles, donde la más importante es el Elopteryx, del Cretáceo de Europa, uno de los fósiles de aves más antiguos que se conoce. Los “piqueros” las “tijeretas de mar”, los “patos aguja”, los “paticuervos” y los “rabijuncos” conforman, junto con los pelícanos, el Orden Pelecaniformes.

Es interesante la relación que algunas de estas aves han tenido con el ser humano. El “guanay”, uno de los paticuervos de las costas del Perú, ocupa el primer lugar en la producción del famoso “guano de las islas”, abono orgánico de fama mundial. He leído que los antiguos polinesios utilizaban tijeretas de mar para enviar mensajes de una isla a otra. La habilidad de los paticuervos – de los cuales existen casi 30 especies – fue capitalizada hace mucho en el Oriente; primero se les enseñaba a regresar donde su dueño, luego se las llevaba al mar y ahí se soltaban en pos de peces. Un collar ajustado al cuello les impedía tragar las presas, mas no atraparlas. Al volver a la embarcación, el dueño retiraba el pez (ahora pescado), y soltaba nuevamente al paticuervo para que haga su parte.

Existen 7 especies de pelícanos distribuidas en casi todas partes, menos en los polos y alguna otra región. Dos son las más conocidas y ambas viven en el Nuevo Mundo. La primera es el pelícano blanco (Pelecanus erythrorhynchos), con una única pinta negra en cada ala, que anida al oeste de EEUU y Canadá y pasa su invierno en México y parte de Centroamérica. Mi colega Francisco Delgado, catedrático del Centro Regional Universitario de Veraguas, observó y fotografió un ejemplar de esta especie en la playa El Agallito, cerca de Chitré, en el verano de 1984.

La otra es el pelícano marrón (Pelecanus occidentalis), la única especie que habita en costas panameñas. Se distribuye a lo largo del sureste y oeste de EEUU hasta las Guayanas y un poco más allá de la desembocadura del Amazonas; por las costas del Pacífico centroamericano y un poco más abajo también, y en las Antillas.

Nuestro pelícano tiene la apariencia torpe y graciosa de todos los pelícanos, pero es el único que se zambulle en el agua para capturar los peces; en ocasiones desde buena altura y con gran impacto. Gracias a los espacios de aire que tiene bajo la piel del pecho, que actúan asimilando el golpe, el ave no tiene problemas en zambullirse desde alturas considerables. La bolsa de piel que le cuelga de la mandíbula inferior y que lo hace inconfundible, actúa como una red bajo el agua.

“Graciosos”, “de apariencia torpe”, quizás. Pero tontos no. ¡Los pelícanos saben ir a enamorarse y veranear a Taboga y otras islas de la bahía! En la estación seca, alrededor de 50,000 pelícanos, provenientes de lugares no siempre conocidos, anidan en las islas de Taboga y Urabá (atención que una población similar de paticuervos – Phalacrocorax brasilianus – tambien anida ahí); mientras que unos 30,000 lo hacen en concentraciones menores en el Archipiélago de Las Perlas. Al final de la temporada de anidación el producto será de no menos de 50,000 nuevos pelícanos.

Años atrás, Gene Montgomery, en ese entonces investigador del Smithsonian, escribió: “Durante los meses de la estación seca, el viento del norte produce un afloramiento de las aguas más frías y ricas en nutrientes del fondo marino; a su vez, esto aumenta también el número de peces. Este incremento en la fuente de alimentación disponible, cerca de islas apropiadas para la anidación y relativamente libres de molestias, es lo que hace a la Bahía de Panamá tan atractiva para pelícanos y otras aves marinas.”

El número de pelícanos que se reúne en la Bahía de Panamá varía de año en año. Llegan y se empiezan a reproducir cuando inicia la estación seca y pocos permanecerán pasado el mes de julio. Montgomery estimó que la población residente todo el año, en el área, no era más de 2,000 ejemplares. Y planteó la hipótesis de que muchos de los pelícanos que se ven de julio a diciembre en las costas del Pacífico Oriental, el Mar Caribe, el Golfo de México y también de las llamadas Indias Occidentales, podrían ser producto de las colonias de anidación de Panamá.

Es un placer poder decir ahora – casi 30 años después y habiendo sido testigo y uno más de los proponentes de la acción – que en 1985 el gobierno nacional declaró el lado sur de Taboga y toda la vecina isla de Urabá, como “Refugio de Vida Silvestre.” Mis saludos y respetos a pelícanos, cormoranes, garzas, gaviotas y demás, que tienen ahora allá en la Bahía, un lugar apropiado y protegido donde reproducirse en paz.