27 Ene 2013

“Chango, el enlutado cantor…

Por: Jorge Ventocilla
Fotografía por: Christina P. Riehl

…que tanto abunda en nuestra ciudad capital, donde se ha enseñoreado de varias zonas de La Exposición, Bella Vista y Las Sabanas”. Así escribía sobre el talingo (Quiscalus mexicanus) allá por 1957, el educador y naturalista don Moisés Tejeira, hermano de Gil Blas, autor de uno de los primeros libros sobre aves del país.

“Plumas y Cantos” se llamó su libro, publicado por el Departamento de Bellas Artes y Publicaciones del Ministerio de Educación. Y aunque hoy el talingo es el ave más común en la ciudad de Panamá, pregunte usted a vecinos mayores y le dirán que antes no era así, que en su infancia no era tan común.
 
“Chango” o “changamé” más que talingo, el verdadero talingo es otro; en realidad otras tres especies, también de color enteramente negro, del género Crotophaga y habitantes de espacios rurales y semi-rurales. Me decía del Crotophaga el recordado maestro Changmarín, que eran tan poeta ¡que hasta ponía los huevos azules!

El uso coloquial ha logrado imponer en la ciudad capital el nombre “talingo” a quien en verdad es “chango”. Este no pone los huevos azules y de él buena parte de la población se queja, y aún está invadiendo áreas urbanas. En Penonomé su presencia comenzó a ser notable a inicios de la década del 70, como nos informó el amigo Isán Liao. Y Francisco Delgado, naturalista chitreano, me cuenta que en Chitré los talingos – pero me aclara que son “changos” y no “talingos” y yo acepto para evitar querellas interprovinciales – empezaron a estar más y más presentes en la ciudad que crece sola a partir de 1965. Su distribución geográfica original va desde México hasta el norte del Perú, pero hoy en día ya se le ha reportado bien al norte, en partes del Canadá. Y no tiene “green card”. La hembra es un poco más pequeña y de coloración marrón.

Quisiera citar aquí un oportuno texto de la periodista Roxana Muñoz: “Ya saldrán los defensores de los animales, y con razón, a darme un jalón de orejas por atribuir a unos pobres pájaros carilimpiezas humanas. Pero creo que de haber pillos en el reino de las aves, serían los talingos. Díganme que no. Los miro revolotear con el tumbao que tienen los guapos al caminar. Uno de ellos bien podría llamarse Pedro Navaja y otro, Juanito Alimaña, con mucha maña. …De niña siempre pensé que los talingos eran primos de los cuervos que salían en cómicas. En una visita a la fábrica de tequila Cuervo en Guadalajara — no explicaré cómo fui a parar con mis huesos allá— vi un cuervo de verdad. Madre santa, era como un talingo del Jurassic Park. Si los talingos panameños fueran así, ya nos habrían echado. Esto sería como una película de Alfred Hitchcock”.

El talingo no fue introducido a Panamá, como muchas veces se afirma: siempre ha estado aquí. Vale hacer tres precisiones. Primero hay que referirse a las anécdotas que circulan sobre su origen – que si los trajeron los estadounidenses para controlar plagas en las bananeras, que si Arnulfo Arias las importó de Cuba allá por los años cuarenta para combatir una plaga de langostas, que si escaparon de un barco colombiano anclado frente a Colón, etc. – nada de esto es correcto: el ave ha estado aquí desde tiempos precolombinos.

Richard Cooke, arqueólogo del Smithsonian, quien por años ha estudiado el sitio arqueológico Cerro Juan Díaz en la Península de Azuero, reporta abundantes huesos de talingo en las excavaciones. Cerro Juan Díaz tuvo ocupación humana entre el 200 a.C. y el 1,400 d.C., y de 150 huesos de paseriformes identificados, 40% corresponden al talingo. Interesante es que sus huesos fueron encontrados en “basureros” que únicamente contienen restos de alimentos.

Segundo: es cierto, hoy la especie es una plaga. Agresivo, expansionista, omnívoro y abusivo, el talingo puede desplazar, matar y hasta comer huevos y pichones de casi todas las aves menores que él. Cuando anida es muy celoso de su territorio y si personas o animales como perros y gatos pasan cerca de los árboles donde esté su nido, no duda en picotear la cabeza del intruso. Entrada la tarde se les ve volar en grandes bandadas hacia sus sitios de descanso, haciendo paradas en árboles grandes y en el tendido eléctrico, “adornando” desde el aire a más de un transeúnte y causando molestias en parques y estacionamientos.

Y tercero, atención a este dato: es muy poco lo que sabemos sobre la biología del talingo de Panamá. Parece increíble: el talingo, una de las aves urbanas más numerosas y probablemente la más problemática, casi no ha sido estudiada. ¿Qué hacer con el talingo? Pues empecemos conociendo al animal. ¿Qué tal como tema para una serie de tesis de estudiantes de biología?

El talingo nunca vive en la pura selva; mas bien, siempre está en los espacios habitados por el Homo sapiens. Y se reproduce y se vuelve plaga a la par de la expansión del cemento y la disminución del verdor. Tengamos este punto presente, porque el tema de su abundancia y condición de plaga es responsabilidad mas bien nuestra, no de los talingos.