13 Mar 2017

Sobre las enfermedades tropicales

Cuando estudiaba biología allá en mis primeros años mozos, gustaba de afirmar en donde aparecía la ocasión que la construcción del Canal había sido un triunfo de la biología, antes que de la ingeniería.
 
“Antes de” porque hubo que estudiar primero las enfermedades tropicales, sus vectores y organismos implicados (mosquitos en particular) para entonces poder paliar las enfermedades que afectaban a las cuadrillas de constructores (…¡Personal de 80 países trabajó en la construcción  del Canal, imagínese usted!), para entonces avanzar y dar termino a esa maravilla de la ingeniería que tanto orgullo da. Cuando soltaba esta provocación mis compañeros de biología me daban en general la razón; no así siempre claro está, los de ingeniería.
 
Biología, biodiversidad y temas conexos siguen siendo tan relevantes para estas tierras istmeñas que hasta un Biomuseo tenemos; contándose además por miles los investigadores, nacionales y del exterior, que asociados a varias entidades científicas realizan aquí estudios en biología tropical.
 
El Biomuseo aborda este mes el tema de las enfermedades tropicales. Mucha tela hay para cortar sobre tan importante materia. Más que tratar de resumir tan vasto acervo en unos párrafos quiero citar - y mucho recomendar - a la revista bilingüe TROPICOS que publica el Smithsonian, la cual en su Volumen 2, No. 1 discute en forma amena y actualizada sobre “Hábitats y Salud”
 
“Originalmente registrado al este de África en 1947” – señala la introducción de la revista – “el virus [del Zika] ha viajado a través de Asia y las islas de la Polinesia en el Océano Pacífico. Entre el 2014 y el 2016, se extendió por Centro y Suramérica […] Este año, el Zika se perfila para entrar América del Norte junto a una ola de calor durante el verano. Los investigadores y los funcionarios de salud pública están en carrera, estudiando cómo mitigar la propagación de la enfermedad.
 
Hemos visto esta historia antes. – continúa TROPICOS – Las epidemias emergen a la vanguardia de la conciencia pública con cada nuevo informe de un brote de enfermedad. Las estadísticas parecen surrealistas y la cantidad de víctimas es afín a la de desastres naturales como huracanes o terremotos […]. Vivimos en un mundo fragmentado en el que, paradójicamente, estamos más conectados que nunca. Los hábitats naturales se destruyen en pro del desarrollo y convertidos en pequeñas islas pierden algo de su capacidad natural para diluir las epidemias; mientras que las carreteras, los barcos y aviones hacen posible que la gente viaje con facilidad. Siempre llevamos de equipaje, sea que nos demos cuenta o no, virus que viajan de polizontes en nuestra sangre.”
 
Ya quedaron atrás esos magníficos esfuerzos de investigadores como Findlay, Gorgas y Zetek. Hoy los retos de salud pública en los trópicos se renuevan y los científicos van comprendiendo más y mejor su realidad, en el contexto del cambiante mundo moderno. TROPICOS nos explica cómo hábitats saludables pueden mitigar la presencia de organismos patógenos. “En un hábitat no perturbado la alta diversidad de especies mantiene baja la prevalencia del virus; para los seres humanos este es un servicio muy valioso de los ecosistemas,” comenta el profesor Marco Tschapka, de la Universidad de Ulm, Alemania, y co-investigador de un proyecto en Panamá. El hace énfasis en un punto que no se debe pasar por alto: con la degradación de los ecosistemas los humanos arriesgan su salud.
 
El Dr. José Loaiza del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (INDICASAT-AIP), ha estudiado los mosquitos que propagan la malaria, la fiebre amarilla, la encefalitis y otras enfermedades, y una de sus conclusiones fue afín: “La abundancia de mosquitos transmisores de enfermedades aumenta a medida que se pasa de los bosques vírgenes a los lugares que han sido perturbados.”
 
Y no se trata solo de enfermedades que afectan a los humanos: “Desde que los primeros corales caribeños fueron diagnosticados con la enfermedad de la banda blanca hace cuatro décadas,” – cito nuevamente a TROPICOS – “ésta ha acabado con el 95 % de los constructores de arrecifes más comunes del Caribe. Aún no se sabe exactamente qué causa la plaga que aflige a los corales cuerno de alce y cuerno de ciervo, los cuales son la columna vertebral de corales más pequeños, esponjas y otros organismos, que en conjunto conforman los arrecifes.”
 
El Dr. Bill Wcislo, quien se parece más a John Lennon que a William Gorgas, estudia con pasión a los invertebrados que viven en sociedades, y las hormigas arrieras están entre sus favoritos. Vale anotar que hoy sabemos más y mejor sobre cómo ellas se organizan para enfrentar con éxito a las enfermedades tropicales que atacan sus colonias bajo tierra. Uno se podría preguntar, ¿qué tiene que ver la biología de las arrieras con la salud pública de los seres humanos? Pues para personas como Bill mucho, y nos convendría seguir analizando las estrategias que han desarrollado estas hormiguitas para mantener su salud comunitaria. Para muestra del entusiasmo de Bill, un botón: termina su escrito en TROPICOS con esta reflexión …“¿Somos holgazanes (como pensaba Salomón) o sufrimos de arrogancia (como pensaban los antiguos griegos)? ¿No estamos dispuestos o no podemos mirar a las hormigas en busca de inspiración para conseguir, más allá de debates estériles, […] aprender a cuidar de todos los miembros de la sociedad?”
 
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