22 Abr 2016

Patrimonio del Cielo: Aves silvestres en la ciudad de Panamá (II)

Este personaje es otro emigrante en el país, pero ya tuvo familia y ha regularizado con éxito su status en Migración: se hizo panameño. Menciona R. Ridgely que aparentemente fue traído de Colombia como ave canora de jaula, habiéndose reportado por primera vez en el sector de Balboa, antigua Zona del Canal, allá por el año de 1932 (3: Pág. 356). 

Su distribución regional en la actualidad cubre desde el sur de México a El Salvador y Honduras; Colombia a las Guyanas y el norte del Brasil; al sur de este ultimo país a lo largo de la costa; Antillas Menores; introducido en Panamá central.

Con los años, el rango de distribución del sinsonte en Panamá se ha expandido a partir de “la Zona” hacia parques y sitios arbolados de la ciudad capital, y más allá.  Si se observa con atención queda claro que al animalito no le gustan lugares donde el cemento reina y la vegetación escasea.

Sinsonte viene de cenzontle, “pájaro de las cuatrocientas lenguas” (originalmente centzontli en idioma náhuatl).  Su nombre genérico (Mimus) significa “imitador”, algo que saben hacer muy bien algunas de las 30 especies de la familia de los sinsontes, la familia Mimidae. La especie que tenemos en la capital tiene el Mimus bien puesto.

Su canto es una serie de trinos con ocasionales notas solas, parecido al de la capisucia o cas-cás (Turdus grayi), ave mucho más común en la ciudad, excepto que el canto de esta última consiste solo de notas únicas, no de trinos y se escucha más temprano en la mañana o en la tarde pero sólo en época de reproducción. No todo el año y en principio a cualquier hora del día, como sucede con el sinsonte.

Cantar bien tiene sus ventajas, por ejemplo al momento de atraer pareja. Pero también complica la vida: se captura y enjaula al sinsonte porque canta, quedando preso de por vida y sin culpa.

Busca sobre el suelo insectos y frutas, y es rápido corriendo. Cuando lo hace tiene la costumbre de detenerse abruptamente y levantar de repente sus alas, cortas y redondeadas. Cuidan de los polluelos en forma colectiva; es decir, cuando le toca el turno, un sinsonte cuida a sus hijos y también a los de sus amigos.

Don Félix Bolaños, vecino de Villa de las Fuentes, en el Corregimiento de Bethania, ha tenido éxito poblando y repoblando algunos parajes con ésta y otras especies de aves. En su finca de Loma del Río, en Chepo, existe - y todavía se reproduce -, una pareja de sinsontes que él liberó hace más de 18 años.  En su residencia de la ciudad liberó otra pareja, la cual todos los días viene a alimentarse de las frutas que les ofrece. Y también sacan pichones dos veces al año. “De febrero a abril y de septiembre a noviembre son sus épocas de celo” - me dijo don Félix (8).

Fue este mismo  caballero criador de patrimonio alado quien me contó que en las décadas de 1950 y 1960 hubo dos sinsontes famosos en la ciudad. Uno porque aprendió a cantar “Guararé”: el sinsonte del Café Coca Cola, lugar que aun existe al final de la peatonal. Otro, mucho más versátil, que silbaba perfectamente la marcha nupcial de Shubert, “La Cucaracha”, y otras melodías.  Este era “El Sinsonte de la Farmacia Cristo Rey”, farmacia ya desaparecida, de la esquina de calle 34 y avenida Cuba.

 

La cas-cás o capisucia (Turdus grayi)

Cortesía Olowagdi.

Pocos pájaros tan conocidos en la ciudad capital como el cas-cás. Macho y hembra son iguales en apariencia - pero ojo, no confundirlos con la hembra del talingo -, si bien la hembra es un poco más grande.  El nido tiene una base formada por barro, material que la hembra lleva de a pocos en su pico. Sobre esta base que puede estar en un árbol pero también bajo un alero, va colocando palitos, hojas y barro. Es un ave sin mayor gracia en su apariencia externa pero que cuando le toca cantar lo hace con intensidad.  Además, es una de las especies más estudiadas en el país. Y Ave Nacional de nuestra vecina Costa Rica, nada menos.

Todos los individuos de una localidad en particular se reproducen simultáneamente, de tal forma que durante un par de meses de la estación seca, febrero y marzo, su canto es el más notable en el ámbito urbano y aviso de que la época de reproducción de las aves panameñas está por empezar.  Un decir popular es que el cas-cás cuando canta “está llamando la lluvia” ya que fuera de esta temporada de tanta inspiración, no canta. Pero en realidad, los machos cas-cás cantan porque están enamorados.

¿Por qué cantan tanto? Porque como sucede por casi todo el reino animal las hembras escogen con qué macho se reproducen y estos compiten entre sí para lograr sus favores: quien más canta, mayor oportunidad de reproducirse tiene.  Cantan desde temprano – sin haber comido antes – y en sincronía:  las hembras, atentas, deciden.

Una ventaja de reproducirse en la época seca es que se dispone de abundante comida. Frutas de los árboles conocidos como dos caras (Miconia) y cholo’pelao (Bursera), entre otros, son abundantes y los machos están así en mejor condición de resistir las maratónicas jornadas de canto.  La época hace posible comer rapidito y volver a seguir cantando.  La selección sexual influye en el tiempo de reproducción.

Los biólogos han estudiado detenidamente a la especie en Panamá, desde hace varias décadas (9). Se ha reportado que la temporada de reproducción empieza en enero en la costa del Pacifico y gradualmente va avanzando hacia la del Caribe.  Puede iniciar un mes más tarde en el Jardín Summit, a solo 20 Km. de distancia, y empezar recién a mediados de abril en la costa de Colón.  Una diferencia de tiempo tan marcada en el inicio de la reproducción para una misma especie, y sobre una distancia tan corta (80 Km.), no se ha reportado para ningún ave de zonas templadas.  

Guiándose por los resultados de sus estudios en Panamá, algunos biólogos plantean que en las aves tropicales la disponibilidad de alimentos - que permite producir huevos y criar pichones -, no parece ser un factor clave para decidir el momento de la reproducción.  En algunas especies sí lo es, pero en otras, como es el caso del cas-cás, la evidencia muestra que más decisiva aun es la selección sexual.

Migraciones de rapaces sobre la ciudad

Cortesía STRI.

El 21 de mayo de 1822 en Meklenburg, Alemania, se capturó una cigüeña con el cuello atravesado por una flecha. Como hacía tiempo que en el Viejo Mundo la humanidad no se mataba a flechazos sino con medios más sofisticados y masivos, la flecha sólo podía provenir de un país “lejano” (“oscuro rincón,” se diría hoy). Efectivamente, poco después los conocedores establecieron que la flecha en cuestión era de origen africano. Este extraño acontecimiento fue la prueba irrefutable del hecho, hoy día universalmente reconocido, de que las cigüeñas pasan su invierno boreal en África.

Las primeras investigaciones serias sobre migración de aves fueron emprendidas por el naturalista sueco Linnaeus, mas hoy en día no sabríamos ni una porción de lo que sabemos si no es porque en 1899 al maestro danés Hans Mortensen, no se le hubiera ocurrido identificar las aves poniéndoles anillos numerados en las patas. Desde entonces, las migraciones son estudiadas en esencia gracias a ese medio: se capturan las aves, se les colocan anillos codificados en las patas, y luego se liberan otra vez. Eventualmente, cuando las aves son observadas o recapturadas en otros lugares, los ornitólogos recuperan la información y van descifrando los patrones de sus desplazamientos.

Actualmente el 15% de las aves reportadas en Panamá - es decir 140 de un total de más de 950 especies -, son migratorias. No anidan en el istmo y sólo se observan en Panamá durante una parte del año, durante los meses que coinciden con la estación invernal en el hemisferio norte. Muchas de ellas tan solo pasan por Panamá durante las migraciones cuando viajan hacia el sur del continente y durante su retorno hacia el norte. Otras, se quedan en el país, y muchas arriban tan temprano y se van tan tarde, que viven más en Panamá que en sus lugares de origen.

Debido a que el continente americano se estrecha en Panamá muchas especies de aves convergen en el istmo durante su migración estacional. Grandes cantidades siguen la costa del Pacífico, particularmente durante la migración hacia el sur, que tiene su máxima expresión en número de aves entre fines de septiembre y principios de noviembre. Esta ruta convierte a la Ciudad de Panamá en uno de los pocos sitios del mundo donde se pueden ver, en una misma mañana, numerosas especies de los tres grupos principales de aves migratorias: rapaces, playeros y aves canoras.

Cada año, durante octubre y noviembre, casi todos los individuos existentes de dos especies de gavilanes: el gavilán de Swainson (Buteo swainsoni) y el gavilán aludo (Buteo platypterus), junto con el gallinazo cabecirrojo o noneca (Cathartes aura), así como otros rapaces en menor número, migran por un estrecho corredor aéreo que forma parte de la vertiente del Océano Pacifico, en Panamá.

Años de observaciones de Neal Smith, ornitólogo del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, mostraron hace unas décadas la evidencia de que la cantidad de aves involucradas por temporada era de varios cientos de miles, y que esta migración conjunta de rapaces era una de las más espectaculares y fácilmente observables en todo el Nuevo Mundo. Conteos de estas migratorias realizados por Smith entre 1970 y 1982, llegaron a un máximo de 981,000 aves en 1982 (10).

Dieciséis años más tarde, George Angehr, también del Smithsonian y de la Sociedad Audubon, organizó otro conteo sistemático y la cifra subió a 1.6 millones de aves rapaces. “Realizar conteos simultáneos en muchos sitios a través del istmo, ayudaría a evaluar el momento preciso y las rutas utilizadas por las migraciones”, manifestó entonces Angehr.

En el año 2005, en lo que se conoció como “El primer estudio mundial transcontinental sobre aves rapaces migratorias: Rapaces de Océano a Océano”, más de 40 personas entre voluntarios de la Sociedad Audubon de Panamá, el Instituto Smithsonian, la Universidad Nacional de Panamá, junto con residentes de comunidades rurales y voluntarios de Canadá, Argentina, México y Estados Unidos, llevaron minuciosos registros de las aves que cruzaban el istmo, por un eje transversal (corredor ambiental) en la zona central de Panamá.

Los datos obtenidos indicaron que unas 3 millones de aves rapaces surcaron Panamá rumbo al sur en la migración del 2005. Esta impresionante cifra destaca aun más si tenemos en cuenta que migraciones de más de un millón de aves en conjunto sólo suceden en otros tres lugares del planeta (Costa Rica, México e Israel) (11).

Además, esta migración de rapaces es uno de los pocos casos en América en el que las aves migran durante largo tiempo y extensas distancias…sin comer! Utilizando un estilo de vuelo más parecido al de los planeadores, gavilanes y nonecas aprovechan para desplazarse el “empuje” que brindan fenómenos atmosféricos como las termales de aire caliente ascendente, los bordes de las tormentas y los vientos de ladera.

Estas rapaces vuelan de día haciendo uso de las corrientes de aire caliente. Las termales, por sobre las cuales pueden planear por largo tiempo y extensas distancias, sin siquiera aletear. Hacen esto para conservar energía, pues a diferencia de otras aves, son incapaces de surcar largas distancias aleteando constantemente.

Si la noche llega cuando están por sobre la ciudad capital, bajan y duermen en los bosques de la ribera oeste del Canal de Panamá y en el Parque Natural Metropolitano. Si al día siguiente está nublado o lluvioso, habrá pocas corrientes de aire caliente y no volarán. Varios días de mal tiempo prolongarán su estadía en nuestros bosques, y pocas rapaces sobrevolarán la ciudad. Luego, un día soleado las hará partir, y miles de miles serán vistas dando vueltas y dejándose llevar de una a otra corriente termal, en dirección al este.

Mientras que el gallinazo cabecirrojo o noneca (Cathartes aura, de 71-81 cm) es el más grande de los rapaces migratorios de los trópicos americanos, sus compañeros de vuelo son de tamaño mediano. El gavilán de Swainson (Buteo swainsoni, de 44- 52 cm) viaja desde planicies de Norteamérica hasta lugares similares en Sudamérica, algunos quedan a lo largo de Centro América pero cientos de miles continúan hasta lugares tan distantes como la Argentina (tras un viaje de casi 11 mil kilómetros de distancia).

Aves que pasan sobre Las Cruces, Nuevo México, en los primeros días de octubre, alcanzan Panamá 18 días más tarde y arriban a la Argentina durante la última semana de Noviembre. El gavilán aludo (Buteo platypterus, de 38-46 cm) pasa sobre Texas a fines de septiembre y llega a Panamá 12 o 14 días después; una parte de la población se queda y otra sigue hacia distintas zonas de Sudamérica. Del gallinazo cabecirrojo, Cathartes aura, vale también mencionar que aparte de los ejemplares que surcan el istmo durante las migraciones, tenemos en Panamá una población residente todo el año.

Las tres especies volverán a Norteamérica en la estación seca (entre marzo y abril) y esta vez surcar Panamá les puede tomar solo un día —a diferencia de tres en la ida— porque el viento norte de la estación seca los ayuda a planear con mayor velocidad.

Fernández de Oviedo, en su Historia General de las Indias (ca. 1520) fue el primer europeo en reportar estas migraciones, y se basó en observaciones hechas en Panamá (por cierto, en el lado Caribe y de aves que retornaban del Sur). Anotó el cronista: “Visto he algunos años en el mes de marzo,… ir el cielo cubierto de infinitas aves y muy altas”

Cinco siglos después lo que el mundo encierra se va volviendo, afortunadamente, conocimiento popular. Hasta hace unos años eran contados los ciudadanos no especialistas de la ciudad capital de Panamá que sabían de este fenómeno estacional que ocurría sobre sus cabezas. Aquí en Panamá, entre octubre y noviembre, hay que poner atención al cielo - y cada vez más personas lo hacen. De pronto se ve allá arriba el impresionante espectáculo de la migración de rapaces atinadamente descrito por un observador como “ríos de aves”. 

Como me comentaba una colega bióloga, sucede que uno puede estar viendo el desfile de Fiestas Patrias en la Vía España, y allá arriba ese patrimonio natural que representan las rapaces en migración, van desfilando también por millares rumbo al sur.

Para terminar.

Este escrito ha querido ponderar a las aves silvestres de la ciudad capital, a su relación con los ciudadanos y su valor como patrimonio a conservar.

Frente al mal desarrollo que hoy se nos trata de imponer en función de la mercantilización del mundo, masa critica es la que debemos forjar. Esta se logra sobretodo con educación, con entendimiento, con aprecio a lo que somos y nos rodea.

En este momento tan particular de la historia de la ciudad de Panamá los ciudadanos podemos protegernos protegiendo a esos “otros habitantes” con los que compartimos hábitat.

Por el aprecio generalizado que les tenemos, por su persistencia en espacios dentro de la ciudad, por representar como nadie la vida en su belleza y en su poesía, demos a las aves silvestres de la ciudad el valor que merecen.

 

(8) Félix Bolaños, comunicación personal  2003

(9) Por ejemplo, ver: Dyrcz, Andrzej. 1983. Breeding ecology of the clay-coloured Robin Turdus grayi in lowland Panama. Ibis 125(3): 287-304

(10) Smith, Neal G. 1973  Spectacular Buteo migration over Panama Canal Zone, October, 1972. American Birds 27(1): 3.

Smith, Neal G. 1980 Hawk and vulture migrations in the neotropics. In: Keast, Allen and Morton, Eugene S. (Ed.), Migrant birds in the Neotropics: ecology, behavior, and conservation: 51-65. Washington, D.C.: Smithsonian Institution Press.

Smith, Neal G. 1990 Soaring Raptor Migration Through the Isthmus of Panamá. In: Olsen, Ian Newton and Penny (Ed.), Birds of Prey: 155-164. New York: Weldon Owen Ld.

(11) Ventocilla, Jorge  2002  Un “río de aves” sobre Panamá. Columna Otros Habitantes, diario La Prensa, 20 de octubre 2002, Pág. 5B.