14 Nov 2016

¡NO TOQUES! II

Orthoptera, Jorge Ventocilla, Luna llena Biomuseo

Orthoptera

Foto: Jorge Ventocilla

 

“Allá por 1984, estudiaba en España. Mi hermano menor también fue a estudiar allá.

En una de esas conversas entre hermanos le pregunté: ¿Qué extrañas de Panamá?

Los bichos. Aquí no hay bichosme dijo”

 

Por: Jorge Ventocilla

 

La verdad es que nunca en mi vida había empleado un título tan extenso. Pero sucede que lo que este diálogo expresa en toda su extensión, impide el recorte. Continuamos celebrando el Mes de los Bichos de nuestro Biomuseo. Esta nueva Luna reúne respuestas y comentarios de cuatro personas, a la pregunta original que palabra más o palabra menos, dice: ¿Cómo fue posible que usted tuviera - y aun mantenga – empatía con Natura y sus bichos? 

El primero en contestar será un antropólogo de profesión, muy cercano de los pueblos Ngäbe y Buglé, y desde un principio base fundacional de ACUN (Acción Cultural Ngabe). Blas Quintero es su nombre y así me empezó a responder:

“Como sabes, nací en Rincón Hondo, distrito de Pesé en la provincia de Herrera. Allá crecí, entre el campo y el río. Déjame y te cuento primero curiosidades del lenguaje popular: Si dicen el ‘bicho malo’, se refieren al diablo. ‘¡Ay Dios mío, era el mismo Bicho que lo andaba persiguiendo!’ Se refiere a que lo perseguía el demonio o algo muy malo. También se dice ‘mal bicho’ a una persona truhan, que hace travesuras.  

A veces se dice ‘cuidado con las bichas’, refiriéndose a las culebras; sin emplear la palabra culebra porque si se les menciona se cree que ellas se acercan.

Y esta es una copla que oí por allá en Rincón Hondo:

 

"El amor es un bichito

Que por los ojos se mete

Y cuando llega al corazón

da fatiguita de muerte."

 

¿Qué cómo hice para mantener el interés por lo bichos y no temerles? Bueno, supongo que debe ser por haber aprendido a conocerlos. Por ejemplo, si vas por el monte y ves un árbol de “cachito” enseguida sabes que no debes rozar sus ramas, porque en las espinas ya maduras viven hormigas que pican. Estas hormigas tienen además un olor característico. Al ir al monte, los padres te dirán desde niño: “Vaya con cuidado. Mire bien donde pisa y donde se agarra con la mano; no meta las manos entre las hojas secas, hágalo con un palo”

Parece que conocer es un elemento importante para saber respetar y tratar a los bichos.

JV. Hablemos de los más pequeños: de niño, ¿qué aprendiste sobre las hormigas?

BQ. Las hormigas candelillas, sí pican, y sobre todo en tiempos de mucha lluvia como octubre. Ellas andan buscando lo seco y se meten en las casas y hacen sus pueblos junto a las paredes. Hay que correrlas con agua y jabón para que se vayan para el monte. Pero como todo está húmedo ellas suben por las hierbas y hacen como casas en las hierbas. Como uno ya sabe de lo que va y que los hormigueros están suspendidos, entonces no pasa por ahí porque sino, seguro que lo “traban las hormigas”.

Por eso en el campo, en las casas solariegas, los huesos que quedan de las sopas, de las comidas, no se tiran cerca de la casa. Porque además de ser peligroso se llenan de hormigas candelillas.

Las hormigas “cha-cha”, suelen estar donde hay troncos secos, siempre en el suelo, son pocas, seis, siete, pero pican con la intensidad de un alacrán. Son negras, largas, flacas y brillantes. Por ello, cuando se va a sacar yucas, ñames, no se mete la mano para quitar las hojas secas, se usa un palo o el mismo machete.  Cuídate de las “cha-cha”…

Hay otros hormigones grandes, negros, brillantes, lentos, con grandes mandíbulas que muerden y no pican; también están en los troncos secos. Las guerreras, son hormigas que andan por miles, y que cuando van pasando se oye el ruido de ellas caminando; y se ve la brincadera de grillos y toda de bichos, huyendo y volando. Esas hormigas hacen puentes agarrándose de las patas para cruzar pequeños riachuelos. Cargan sus huevos en esos viajes. Cuando van en dirección de la casa, hay que cortar ramos para barrerlas, y desviar su camino. Si no, habría que salir huyendo, como los grillos. Las arrieras, esas hormigas sólo muerden y van a los suyo que es cortar hojas y transportar para sus casas. 

Muchos árboles tienen hormigas propias.  

Y así, para no cansarte con las hormigas, uno aprende a conocer dónde viven, en qué árbol, en qué montículo; y sencillamente se les deja quieta. “No alborote el hormiguero”

Por ello digo que el temor de muchos se debe al desconocimiento; por creer que todos los bichos son inútiles, malos, picadores.  Pero no es así, algunos sí pican pero cuando los molestas, cuando invades sus espacios. Conocer dónde viven y cómo viven les ahorraría a ellos picarnos, que es una forma de decir ¡Oye, respeta mi casa!..  Creo que deberíamos hablar más de esto.

JV. ¿Alguna reflexión que nos quisieras compartir sobre nuestro papel de padres y adultos, en este tema de los bichos?

BQ. El mes pasado enseñé a mi sobrina de cuatro años a no tenerle miedo a las mariposas.  En el jardín de la casa de mi abuela, en Macaracas, hay muchas flores de peregrinas, que les gusta a las mariposas. Yo atrapaba mariposas haciendo un hueco en mis manos, se las pasaba a ella para que las soltara viéndolas volar. Ella reía, y yo también. Ella le contó la historia a sus padres. Ahora la madre dice que anda corriendo por el patio queriendo volar como las mariposas.

Jorge Ventocilla, Luna llena Biomuseo

Blas Quintero y su sobrina Lucía en Macaracas, aprendiendo de los bichos.

foto: Tania Sterling

 

Allá por 1984, estudiaba en España; mi hermano menor también fue a estudiar allá. En una de esas conversas entre hermanos le pregunté: ¿Qué extrañas de Panamá? Me dijo: Los bichos. Aquí no hay bichos….

Mi madre me enseñó a dormir escuchando a los grillos. Por entonces, no había llegado la luz eléctrica a Rincón Hondo, así que cuando se apagaba la lámpara, era oscuridad total; la misma si tienes los ojos abiertos o cerrados. Entonces, comenzaba el concierto de los grillos, ellos fuera de la casa y nosotros ya acostados dentro: “Chilí chilí ”…. “Suuuuuuih, suuuuuuih…”,  “Kssh kssh…”. ¿Oyes ese? ¿Oyes ese, ese que dice Quiliiii quiliii….? Son bichos con cantos como de arrullos.”

*

Después del señor Presidente, algún comentarista de la tv, ciertos deportistas y los miembros mayores de la clase política, la siguiente persona más conocida en la ciudad de Panamá es Olo. “Ologwagdi, su servidor”, aclara él. 

Kuna, pintor e ilustrador, funcionario de  Estado en el Ministerio de Educación, amigo selecto y activista de las causas realmente importantes como el comer bien y todos juntos, Olo creció en Colón y Akuanusadub, Kuna Yala. Nació hace 63 años y no ha dejado de crecer. Una de sus labores actuales es pintar la versión definitiva del Escudo Nacional, Comisión Nacional de los Símbolos Patrios. “Como artista y como patriota, se hace”, diría él. Pinta con el alma y sonreído, siempre. 

Plumilla de Ologwagdi, pescadito de plata

 Ilustración por maesto Ologwagdi: "El Pescadito de Plata"

 

“Mi mejor obra de arte es mi vida”,  “La pelea es pintando”… son frases que Olo ha soltado por ahí en alguna conversación, y que no se me olvidan.  

Así me dijo Ologwagdi:

“Nuestro espacio vital estaba conformado por dos casas, allá en Akuanusadub. Vivíamos en la mayor. En la más pequeña vivían una pareja de conejos, un ñeque y dos o tres cuyes.  De noche, a cada hermanito lo acompañaba luciérnagas, dentro de las hamacas. El abuelo las traía del monte metidas en pedazos de caña de azúcar, que les servía de alimento. Una por hamaca para los niños, así las repartía. El abuelo - Bab Guillermo se llamaba - nos construyó una casa en el árbol de almendro del patio. Ahí siempre tuvimos la compañía de una linda iguanita verde. Y en el alero de nuestra casa mayor, sobre un tronco de balso, nos alegraban una pareja de periquitos. Y también un dargi-dargi [casanga].  Los encargados de dar manutención diaria a esa parte de la familia éramos nosotros los niños... Los tres golpes les dábamos: antes de irnos a la escuela, al mediodía a nuestro regreso; el último golpe al atardecer.         

 

Plumilla de Ologwagdi, mosca           

 Ilustración por maesto Ologwagdi: "La Popular Mosca"    

 

Este entorno creado por nuestros abuelos hizo propicia esa necesaria y linda relación entre nosotros, sus nietos, y los demás habitantes de la Madre Tierra. Varios de esos habitantes fueron adoptados por ellos en el decurso de sus vidas, para nosotros. Por obra y gracia de la Santa Madre Vida hoy sigo dibujando iguanitas, ñeques y otra gente más.

Nuestro Sagladummad [Sahila, autoridad mayor] Inageliginya, nos contó que un día Ibelele, nuestro Padre Fundacional, vio venir una hormiga sobre un tronco arrastrado por el río. El guerrero bajó y tomó a la hormiga del tronco y posándola en tierra le dijo: "Hermanita, ese no es tu elemento, te puedes hacer daño; ve a la tierra.” 

Claro que hubo momentos tristes también. Una vez teníamos un sicui golo, un pájaro amarillo que canta lindo, que se nos murió. Mi padre le había hecho una jaula grande con virulí. Otro día vimos que nuestro periquito se había muerto, o pensábamos que así era. Ese día aprendimos: unos adultos lo pusieron echado en el suelo, lo taparon con una totuma, dieron unos golpes con la palma encima… ¡y el periquito revivió!

Se me ocurre decirte además que nuestro caballito de madera fue el primero en todo Kuna Yala. Nos lo hizo el abuelo, según modelo y plano aparecidos en un MECANICA POPULAR.”

De todo hay en la viña del Señor. Hasta gente que dedica su vida al estudio de los bichos. Me acerqué al laboratorio de dos entomólogos con mi pregunta bajo el brazo. Entomólogo es la persona que se dedica al estudio científico de los insectos (es decir, de los bichos más comunes). Ambos estaban muy entretenidos con su trabajo por lo que les pedí respuestas cortas y al grano.

El Dr. Héctor Barrios trabaja con el Programa Regional de Maestría en Entomología, de la Universidad de Panamá. “Nunca he tenido ninguna clase de fobia con los animales, artrópodos incluidos”, me dijo. “Los insectos presentan una gran diversidad de formas y colores. Eso es lo que me hizo acercarme a ellos. En especial sus colores, son espectaculares cuando comienzan el desarrollo. Luego, cuando los conoces más y empiezas a ver su diversidad de formas, de historia natural… ya no quieres dejarlos.” 

El Dr. Dave Roubik, investigador del Smithsonian de Panamá, cierra con su respuesta contundente esta Luna Llena: “A menos que vivamos en un contenedor de cemento (v.g. una celda de prisión), necesitamos saber de todas las cosas vivas. Si no sabemos, somos más vulnerables y sufriremos con más frecuencia.”