4 Ago 2017

No son príncipes... pero nunca se sabe.

Hace unos años escribí un artículo como este, dedicado aquella vez a los visitantes de la isla de Barro Colorado. Ahora, que el tema del mes en el Biomuseo son los anfibios y dado que la lluvia es casi cotidiana a nuestro alrededor, bien vale volver a compartir información sobre esos húmedos y resbalosos habitantes de la selva  - y en algunos casos también de la ciudad -, llamados sapos.

Sí, bien se sabe que comparten la misma injusta mala fama de las culebras, los murciélagos, las arañas y demás. No es cualquiera quien se animaría a darle un beso a un sapo para ver si se convierten en príncipes o princesas. Pero prejuicios a un lado, estos animales son sumamente interesantes y muy presentes en el ecosistema, por lo que vale conocerlos mejor.

Se habla de “sapos” y “ranas” sobre la base de que sapo es el de piel rugosa pero son lo mismo, no hay diferencias de fondo. No todas las especies son nocturnas y pocas son venenosas. Existen en Panamá un total de 185 especies de anfibios, de los cuales 157 son sapos. Solo en la isla de Barro Colorado hay 30 especies distintas de sapos, y desde la ultima vez que se hizo un recuento de estos animales (a fines de los  años 60), una especie más se ha agregado a la lista: el sapito Hyla microcephala ya establecido con éxito en las orillas de la isla.

En la selva hay sapos acuáticos, de riberas, subterráneos, terrestres, de arbustos, en troncos de arboles,  algunos nunca bajan del dosel ni tocan tierra en toda su vida.

A diferencia de mamíferos o aves, los sapos no son importantes en la dispersión de semillas ni en la polinización de las flores. Cuando los hay en abundancia, son reguladores importantes de las poblaciones de insectos y a su vez son alimento de aves y murciélagos carnívoros. Existen culebras que solo comen sapos.

Se podría pensar que, con tantos investigadores yendo y viniendo, los sapos de Barro Colorado han de ser muy estudiados. La realidad es otra: salvo el caso del sapito túngara, muy común también en ciudades y poblados del país y que saber decir “túngara, gará-gará… túngara…”, poco sabemos de la biología y el rol de estos animales en el ecosistema. Tanto es así que los biólogos Rand y Myers terminan su publicación de 1990 sobre herpetofauna de la isla (léase: el estudio de anfibios y reptiles) con esta acotación:  “…Encontramos imposible visualizar la cadena de reacciones que ocurriría, si la herpetofauna desapareciera repentinamente”.

Con gusto, les presento tres sapos que se pueden ver (o escuchar croar), cerca de donde usted vive:

Physalaemus pustulosus. Foto por: Brian Gratwicke (CC BY 2.0)

Physalaemus pustulosus.  La mentada “Túngara”. Es pequeña, de 2.5 a 3.5 cm de largo. Vive desde México, toda América Central hasta el norte de América del Sur. De piel rugosa y marrón, come insectos y a ella se la comen culebras, murciélagos, zorras y otros sapos mayores… ¡tiene que andar con cuidado en el barrio la túngara! Prefiere poner sus huevos en época lluviosa y casi siempre se  podrá escuchar a algún macho cantando en alguna charca, por pequeña que sea. Algunas veces las concentraciones de machos cantando son grandes: en Barro Colorado unos biólogos contaron casi 450 machos cantando a la vez, en una charca hecha para atraerlos de 10 x 20 metros. César Jaramillo, colega biólogo, especialista en anfibios y miembro del Círculo Herpetológico de Panamá, me dejó saber que hoy la túngara es el sapo más numeroso en Ciudad de Panamá.
 
Rhinella marina. Foto por: Brian Gratwicke (CC BY 2.0)
 
Rhinella marina. El “sapo común”. Crecí conociendo  a este sapo como Bufo marinus pero hace unos años los zoólogos le cambiaron nombre y apellido. Está bien, hay que adaptarse. Es un sapo relativamente grande y abundante, seguramente más conspicuo y conocido por la gente por su tamaño; las hembras suelen ser más grandes que los machos. Son nocturnos y permanecen escondidos durante el día. Comen insectos pero la verdad es que le entran a lo que se mueva y tenga tamaño apropiado. También se roban la comida seca de perros y gatos… doy fe de que en casa hay uno que ha aprendido a subir 15 escalones hasta llegar al plato de Perla, nuestra gata.

Dada su gran capacidad de comer insectos, se le ha utilizado como control biológico en cultivos agrícolas, en particular de caña de azúcar. Pero la especie se ha vuelto una plaga por ponerla allá donde no pertenece. Así ha pasado en Australia, donde el sapo común fue llevado en 1935 y ahora los hay por millones. Se estima que avanzan sobre el continente 40 km al año, dejando maltrechas a algunas poblaciones animales locales.

Dendrobates auratus. Foto por: Marcus (CC BY-NC 2.0)

Dendrobates auratus. Un simpático sapito de color negro y marrón, con manchas verdes (polimórfico: el patrón de sus manchas es variable). Además de la selva se les encuentra también cerca al ámbito urbano, siendo particularmente abundantes en el Cerro Ancón y en la isla Taboga. Tiene hábitos diurnos y tamaño mediado (4 cm; la hembra un poquitín más grande). Come hormigas.  Los machos son territoriales y las hembras compiten por ellos. Los huevos son puestos en la hojarasca y es el macho quien se encarga de atenderlos. Al nacer los renacuajos el macho los carga sobre su espalda, uno por uno,  y los deposita en algún espacio con agua (un hueco en un árbol, una bromelia a cierta altura sobre el suelo, una lata con agua).

Para terminar le recuerdo que en agosto hay que estar atentos a la celebración del “Festival de la Rana Dorada”, especie símbolo nacional. Y para reconocer los llamados de los tres caballeros mencionados en esta Luna, recomiendo:

Túngara: www.youtube.com/watch?v=5S-RAgudnww

Rhinella marina: http://amphibiaweb.org/sounds/Rhinella_marina.mp3

Dendrobates auratus: www.youtube.com/watch?v=CbshtQ9yaj4